FINALISTA DEL CONCURSO DEL NÚMERO 5: Gisela Lupiañez.

Aqui os dejamos el relato finalista del último concurso. Más información sobre la autora al final del post.ElBoomDelMomento

El boom del momento

El viejo encontró la llave debajo del roble centenario que sombreaba su jardín. Era pequeña, plateada y abría una de las puertas de entrada al Mundo Mágico, aunque él no tenía modo de saberlo. Pensó que podía ser la del cajoncito del escritorio donde guardaba papeles importantes y la plata de la jubilación, que llevaba años perdida, y la probó en la pequeña cerradura. Después intentó con todas las cerraduras de armarios y cajones de la casa. Cuando se convenció de que no cuadraba con ninguna abertura la dejó en el cuenco de vidrio que estaba sobre la mesa de la cocina y se olvidó de ella.

Tuvo un día muy atareado el viejo. Su rutina de hombre solitario incluía hablar por teléfono con su nieta, limpiar la casa, coser los botones de sus camisas, lavar ropa. Por la tarde fue a comprar unas verduritas para hacerse una sopa. Cenó temprano y se acostó. Estaba dormido casi antes de tocar la almohada. Un poco después de la medianoche se despertó para ir al baño (había tomado demasiada sopa) y notó una luz plateada que provenía de su cocina. Se puso las pantuflas, agarró el palo que guardaba debajo de la cama para espantar ladrones y fue hacia allá.

La llavecita en el fondo del cuenco se había vuelto blanca y brillaba. En la pared, al lado de la ventana que daba al jardín trasero había aparecido una puerta. Puerta y llave relucían con el mismo fulgor blanquecino. El viejo miró primero la llave, después la puerta, después la llave, la puerta, la llave… Se asombró un poco, sólo un poco. “No he vivido ochenta años para nada”, le decía siempre a su nieta. Así que tomó la llave y la probó en la cerradura luminosa. Giró una, dos, tres vueltas. Y la puerta se abrió.

Había un jardín detrás de esa puerta. Parecía el jardín de su casa. Los árboles se veían iguales, el pasto, las plantas. Pero en su patio brillaba la luna llena, el viejo la veía por la ventana iluminando el roble centenario. Y el parque que se veía por la puerta refulgía con la luz de millones de estrellas en un cielo negro, sin luna.

“No he vivido ochenta años para nada”, pensó, y cruzó por un césped sembrado de flores que parecían estrellas hacia el roble centenario. Menos mal que acostumbraba dormir con piyama.

Al dar la vuelta al tronco descubrió un camino de resplandeciente grava rosada en cuyos costados se levantaban cinco o seis cabañas de piedra blanca. No se veía a nadie. Las casas estaban en silencio. El viejo fue despacio hasta la que tenía más cerca y se detuvo al lado de una ventana abierta de la que colgaba un adorno de campanitas azules. Escuchó. Alguien respiraba profunda y pausadamente. El hombre apoyó el palo de espantar ladrones en la pared, se asomó y miró dentro de la casita.

Tendida de lado en una estera de flores dormía la mujer más hermosa que el anciano hubiera visto en sus largos ochenta años, de piel luminosa y cabellos plateados. Un par de alas transparentes nacían en su espalda y se plegaban sobre su cuerpo dormido. El viejo la admiró en silencio un rato. Después caminó hasta la siguiente cabaña y también se asomó a la ventana. Repitió lo mismo en todas las casas que bordeaban el camino y en todas encontró una bella mujer dormida. Volvió hasta la primera cabaña, la de las campanas azules, y se apoyó en la pared.

“Hadas” – pensó el viejo – “son Hadas. Y yo he encontrado una llave que me deja entrar a su mundo. Valió la pena haber vivido ochenta años.”

Se asomó otra ventana y su cabeza rozó las campanitas azules haciéndolas tintinear. Entonces se le ocurrió la idea que cambiaría su vida para siempre. En todas las cabañas había visto objetos bellos y raros, y las Hadas parecían tan dormidas… No sería difícil llevarse un par de cosas. Su nieta siempre le hablaba de todo lo que se podía comprar y vender por Internet. Y a él no le vendría nada mal un poco de dinero extra para completar su jubilación.

Sin darse tiempo a arrepentirse el viejo sacó de un tirón el adorno que pendía del marco y corrió de vuelta a su casa con las campanillas repiqueteando entre los dedos de la mano izquierda, y el palo de espantar ladrones en la derecha. Atravesó la puerta mágica y la cerró de un golpe. Se aseguró de dar las tres vueltas a la llavecita plateada, por las dudas.

Volvió al Mundo Mágico la noche siguiente y la siguiente. A la tercera noche le pareció raro encontrar siempre a las Hadas dormidas. A la cuarta decidió aceptarlo. Empezó a quedarse despierto hasta una hora después de la medianoche para entrar al Mundo Mágico a buscar trofeos. El adorno de campanitas azules fue el primero, pero a ese nunca lo vendió. Adornaba la cabecera de su cama con una suave luz azul. A ese le siguieron una azucarera que desaparecía a la luz de la luna, unas cortinas que eran espejos pero con la fluidez de la tela, unos almohadones de rocío que no te mojaban cuando te sentabas en ellos. Vasos hechos con flores, tenedores y cuchillos de un brillo opalescente, platos fabricados con tela de arañas, joyas, ropa…

Su nieta lo ayudaba a fotografiar y filmar cada objeto, y juntos armaron un sitio web para venderlos. El primer artículo que publicaron, la azucarera que se volvía transparente, se vendió en apenas una hora. El video mostraba el azúcar flotando con la forma del recipiente sobre una mesa ubicada bajo el roble centenario.

El viejo se convirtió en el boom del momento. Lo entrevistaban revistas y sitios web. Cuando le preguntaban por el origen de las cosas que vendía, él sonreía y negaba con la cabeza mientras acariciaba la llave pequeña y plateada que colgaba de su cuello en una cadena a juego.

La autora

GiselaGisela Lupiañez. (Mendoza, Argentina, 1978). Profesora de Educación Inicial. Lectora voraz desde el momento mágico en que descubrió que las letras se encadenaban para formar palabras, las palabras para formar historias y las historias para formar sueños. Escribe porque la vida es para bailarla al ritmo de nuestros sueños. Participante de diversos talleres y eventos literarios en Mendoza, su ciudad, ha logrado los siguientes premios y publicaciones:

Primer premio en el concurso “La docencia te cuenta 2012” de la Provincia de Mendoza con el relato Paola.

Segundo premio en el concurso “La docencia te cuenta 2015” de la Provincia de Mendoza con el relato Antes del aplauso.

Relato Campo de batalla, publicado en el número de diciembre del 2015 de la revista virtual Literatta.

Relato Detrás del Dragón, todos los demás, publicado en la Recopilación n°4 del Taller de escritura de la plataforma Literautas.

 

Síguela en:

facebook.com/gisela.lupianez

http://quelibroleo.com/usuarios/gisela-lupianez

 

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