Entrevista a Judith Bosch, autora de LA SONRISA DEL ESTRONCIO

Las coincidencias de la vida pueden ser solo eso, pero somos unos amantes de la fantasía y creemos en duendes y hadas, ¿por qué no íbamos a creer en la serendipia? La cosa es que una coincidencia de portada nos ha puesto en el camino de Judith Bosch y la vida es lo demasiado corta como para no dejar pasar las oportunidades, así que aquí la tenéis.

sonrisaB1Para quien se encuentre así de sopetón con el libro, cuéntanos, ¿de qué va La sonrisa del estroncio?

Va de reír con humor negro e ironías estimulantes, va de pensar en algunas ocasiones y en otras va de dejarte llevar y dejar que tu mente se relaje observando absurdos e imágenes surrealistas. En realidad va de lo que me gusta y, como al final no soy tan rara, lo que me gusta le gusta a mucha más gente. El estroncio sirve como elemento de conexión. Los frikis que nos reímos con los relatos del libro solemos recordar los elementos más rarunos de la tabla periódica

Hablamos de humor negro —utilizado con bastante inteligencia, he de decir—. En los últimos años hemos visto a humoristas censurados y a tuiteros imputados por hacer chistes de este tipo. ¿Nos estamos volviendo una sociedad que se ofende fácilmente?

Por partes, y perdona si me pongo borde, pero es que el tema me cabrea mucho. En primer lugar: la sociedad ni ningún colectivo social ni económico (ni siquiera grupos de presión a los que llamamos Lobbies) puede censurar nada. Lo que hacen los colectivos y los grupos de presión, desde hace siglos, es acosar, manipular, visibilizar, denunciar… según cada colectivo. El único que puede censurar es el Estado (o aplicar sanciones amparadas por leyes mordaza franquistas, como ha ocurrido y ocurre en este país). En el momento en el que metemos los fenómenos de presión social y la ley mordaza en el mismo saco y vemos similitudes entre ellos, tenemos un problema grave de capacidad de análisis. La mordaza del Estado se aplica de manera vertical para ejercer control sobre el pueblo (normalmente para evitar cambios y mantener privilegios) Ejemplo: llevar a alguien a juicio por hacer chistes de humor negro sobre el franquismo. Las presiones sociales, por el contrario, se ejercen de manera horizontal para acelerar cambios. Ejemplo: decir alto y claro que el humor costumbrista no es “arte” sino un recurso que ayuda a normalizar las violencias y opresiones, así que revisamos, criticamos y visibilizamos socialmente esta realidad.

Entonces: ¿el Estado se ofende fácilmente cuando se ponen en tela de juicio los privilegios de los grupos de poder? El español, siempre, y quien a estas alturas piense otra cosa también tiene un problema (de memoria a medio y corto plazo, en este caso). ¿Los colectivos que persiguen cambios sociales se ofenden fácilmente cuando les quieres tomar el pelo y colarle como “inocentes” gestos que ayudan a perpetuar las opresiones contra las que luchan? Sí, y gracias a que estos colectivos sociales se cabrean con facilidad, hemos conseguido avances sociales y humanitarios importantes. ¿Mucha gente exagera y ve el fin del mundo cuando un colectivo social le señala privilegios y fórmulas que perpetúan la violencia? DESDE SIEMPRE. Ahora resulta que el fin del mundo es Twitter, que te llamen machista es censura, que te llamen especista es censura, que te llamen clasista o racista es censura y, en definitiva, cada vez que alguien señale alguna de las actitudes zafias por las que te asemejas más a una persona de la Edad Media que a una persona del s.XXI, en lugar de reflexionar un poco sobre ellas, sale más cómodo hablar de censura, autocompadecerse y gritar: “¡A dónde vamos a llegar! ¡Ya no se puede ni abrir la boca!”; “La sociedad se ha vuelto inquisitiva”; “Ya no podemos ser nosotros mismos”; que es lo mismo que decían los esclavistas cuando se abolió la esclavitud o las personas profundamente machistas la primera vez que el colectivo feminista llamó la atención sobre el acoso callejero. ¿Vale la pena seguir llorando bajo las falditas de nuestros privilegios y ver el fin del mundo en cualquier manifestación de despertar social o vale la pena reflexionar y avanzar? Eso que lo decida cada una y cada uno. Pero, desde luego, usar la palabra “censura” en estos casos es una burla a nuestra historia, a las miles de personas que sí fueron censuradas en su día por decir lo que pensaban sobre el Estado, la política o las religiones, y a aquellas que vuelven a ser penalizadas ahora por hacer chistes sobre el franquismo, por ejemplo. Mientras ponemos estos chistes en el mismo saco en el que ponemos el humor tradicional costumbrista (chistes machistas, racistas, clasistas, etc) y llamamos censura a la crítica que ejercen colectivos que quieren cambiar las cosas, el Estado nos la mete doblada y nos devuelve a los años sesenta, mira que redondo todo.

 ¿Por qué los microcuentos?

Porque es el género con el que me encuentro más cómoda y con el que disfruto más. Ahora mismo no tengo un estilo de vida que se lleve bien con el proceso creativo de una novela, por ejemplo. Me gusta disfrutar de cada momento, salir con amistades, reírme con mi pareja, zambullirme en lo que esté leyendo, etc… Cuando escribo novela cualquier cosa que esté haciendo se conecta automáticamente con este proceso creativo y al final me paso el día entero haciendo cosas con la mente puesta en la novela. Ahora mismo no quiero eso en mi vida. El microcuento es mucho más sano en ese sentido, me siento bien sobre la marcha cuando lo acabo y veo que está redondo, desconecto sin problema aunque esté haciendo un libro de microcuentos y además me lo paso genial, ¿qué más puedo pedir?

 La sonrisa del estroncio ha sido autopublicada. ¿Por alguna razón en especial? ¿Se encamina el mundo editorial hacia la autopublicación?

Tengo una vida muy ocupada y necesito organizarme bien y destinar los recursos justos a cada una de mis actividades. No tengo tiempo ahora de estar buscando editoriales, enviar emails, esperar respuestas y todo ese chascarrillo insufrible. Publico lo que quiero, cuando quiero y como quiero. La única editorial ahora mismo que me suscita el suficiente interés para adaptarme a los tiempos de espera es Editorial Cerbero, me parece un proyecto muy innovador en muchos sentidos y francamente rompedor y necesario. Pero Cerbero nació meses después de que saliera este libro mío de microrrelatos y, además, creo que no tiene en perspectiva publicar microficción. Todo se verá, si en un futuro lo hace, le daré la tabarra a Israel Alonso para que me publique 😉 Sobre la autoedición: las autoras y autores tenemos cada vez más posibilidades de publicar lo que queremos, cuando queremos y como queremos a través de plataformas que nos lo ponen muy fácil y hay que aprovecharlo, de verdad, es una bendición.

En tu blog reflexionas sobre distintos temas donde el feminismo tiene un especial protagonismo. En el último festival de Tártarus tratamos este tema enfocado a la literatura. ¿Cómo ves el panorama literario femenino? ¿Siguen las escritoras enfrentándose a barreras a la hora de publicar o de ser escogidas por los lectores? ¿Y los personajes femeninos? ¿Han evolucionado desde la damisela en apuros?

España es profundamente machista y esto se vive y se sufre en todos los ámbitos, también en el literario, por supuesto. Por otro lado, el castellano es una lengua profundamente androcéntrica y favorece pensamientos y estructuras mentales androcéntricas. ¿De qué me sirve que una novela o un relato protagonizados por un hombre y en el que los personajes femeninos son puros clichés esté escrito por una mujer? Las autoras tenemos que meternos en la cabeza que podemos aportar mucho más y ser realmente geniales rompiendo estas estructuras androcéntricas y creando historias diferentes, que se salgan de normas y costumbres. Aquí me gustaría recomendar la obra literaria y los estudios de género de la gran Lola Robles, que profundiza sobre estos asuntos y nos ayuda a ver la luz. Basta ya de escribir como los hombres y la estructura patriarcal quieren que escribamos: rompamos con todo, podemos y debemos hacerlo.

Siempre les preguntamos a los autores que entrevistamos sobre cómo comenzaron a escribir, así que tú no vas a ser menos.

Aprendí a juntar palabras a los tres años y a los cinco años escribí mi primer cuento. Trataba sobre una lombriz y un lagarto que acaban coincidiendo en una caja de zapatos con agujeros. Al final se escapan pero no pueden regresar con sus familias (las lombrices y los lagartos no son compatibles), así que deciden seguir viviendo juntos. Se lo enseñé a mi madre y me preguntó: ¿Qué pretendes con este relato? Le contesté: que las niñas y los niños dejen de capturar animalitos y meterlos en cajas. Me explicó: pues este relato no cumple el objetivo. Para impactar y hacer repensar a las niñas y los niños, tendrías que haberlo finalizado con la muerte de los dos bichos. Esa fue, a lo tonto, mi primera clase sobre Narrativa Estratégica.

¿En qué proyectos andas ahora?

Hago Narrativa Estratégica en mi agencia de Branding (creación y desarrollo de marcas). Invierto mucho tiempo en eso, que me encanta, por cierto, pero he de aprovechar muy bien el tiempo libre para poder sacar en paralelo proyectos personales: ahora mismo tengo pendientes un libro de microrrelatos sobre feminismo radical (saldrá el verano que viene), un artículo feminista sobre la demonización de las madres (espero sacarlo en septiembre, con otras compañeras), otro sobre el androcentrismo en las observaciones científicas (espero sacarlo a finales de este mes) y otro sobre la pareja cooperativa (que no sé cuándo podré sacarlo).

 ¿Nos recomiendas un libro?

Regresa a Troya, Umma, regresa, de Esther Recio. Invierno en Brasil, de Esther Recio. Toda la obra mínima de Dolores Campos Herrero, Pedro Escudero Zumel y Santiago Eximeno. Y de Editorial Cerbero todo, todo y todo. De verdad, tal y como te comentaba antes, es una editorial muy interesante que lo está haciendo muy bien y saca unas obras completamente rompedoras. Además, despierta la vena coleccionista de cualquiera (hasta la mía, que es inapreciable), porque los libros tienen un acabado exquisito.

Entrevista por Verónica Cervilla

IMG_3023Judith Bosch (Venezuela, 1982)

Ha publicado las novelas Buscando a Ruth (Anroart 2008), Las mil caras del espejo (Veintitrés Escalones 2010), la antología Aperitivos tóxicos y otros relatos (Veintitrés Escalones 2010), Amazonas dormidas (Veintitrés Escalones 2011) y La sonrisa del estroncio (Judith Bosch 2016). Ha participado en las antologías Doble o Nada (Huerga y Fierro 2009), El ojo Narrativo Ecos [2] (Anroart 2009), Once mensajes en una botella (Septenio 2009), Antología del Microrrelato en Canarias (Anroart 2009), Mascotas (La Pastilla Roja Ediciones, 2015) y en la antología poética Irreconciliables 2015. Ha desarrollado creación literaria para proyectos del Centro Atlántico de Arte Moderno, la Casa Museo Antonio Padrón, la revista cultural Contemporánea, el proyecto de arte independiente Alharafish, el plan de lectura Leyendo por Canarias, la Asociación Cultural Cuando el Río Suena, el proyecto de Septenio Jóvenes Estelares y la revista Lúdico-Cultural MoonMagazine. Es Cofundadora y estratega de contenidos de la agencia de Branding y Narrativa Estratégica IMGENIUZ.

www.judithbosch.wordpress.com

 

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