Finalista II Premio Tártarus: LA HISTORIA DE DOROTHY O’BRIAN

 

Existió una vez una pequeña llamada Dorothy O’brian. De miel eran sus ojos y de azúcar moreno el color de sus rizos, y su historia, lejos de ser una historia normal, jamás fue sino un cuento turbio, melancólico y nostálgico a la vez, un cuento bañado de un extraño misterio que al pasar de los años aún provoca escalofríos a quien lo recuerda. Mas quien no quiera escuchar que se tape los oídos, y quien sí quiera conocer, que agudice sus sentidos.

Afuera retumban los truenos y un violento aire golpea los cristales, pero shhhtttt, que nadie ose interrumpir el relato. Por el bien de todos, seamos cautos. Su presencia acude cuando se la invoca desde el pasado, mencionar sólo su nombre significa traerla a nuestro mundo, razón de peso para que los más supersticiosos de Carlingford ni siquiera deseen recordarla. Algunos tapan sus espejos con sábanas viejas cuando anochece, pues se dice que a menudo aparece llorosa desde el otro lado del cristal, con el mismo aspecto desolado con el que se fue. Ya no hay oración en Irlanda que no se haya rezado para la pequeña Dorothy O’Brian, igual que nadie supo jamás por qué una dulce criatura quedó atrapada en nuestro mundo después de su muerte. Quizá porque a la pobre nadie le pudo dar santa sepultura, pero nadie puede asegurar que eso fuera así. Al menos, no hay sepultura donde se pueda constatar su descanso.

Veámosla sentada frente a la ventana de una casita azul a la derecha de un camino. Está triste, su mirada es lánguida y no parece gozar de muy buena salud, pues su aspecto es demasiado pálido. Corre el año 1651 y hace muy poquitos días que su madre ha fallecido de cólera. El cruel invierno azota aún más a las familias desvalidas como la suya y las gripes, las pestes bubónicas y el cólera han arrasado Irlanda y medio mundo, dejando libre a la muerte en las ciudades, en los pueblos y en los caminos solitarios como el que da cobijo a su casa. Dorothy poco a poco gira su cabecita hacia una mecedora quieta, donde ahogado en alcohol su padre duerme la borrachera. La niña no ha cenado, pero tampoco tiene hambre. En la mesa de madera unas cuantas manzanas y un trozo de queso muestran la cena de esa noche, pero a Dorothy lo único que parece importarle es la figura grotesca del padre mientras ronca la melopea. Los ojillos de la niña se llenan de lágrimas, y es entonces cuando la pequeña estira el brazo y descubre aterrada los arañazos y moratones. Su pena es tan grande que se abandona en un llanto desolador. De su cuello cuelga un relicario antiguo, que abre con avidez, y pegada en el interior del medallón una fotografía de su madre pronuncia aún más si cabe su desolación. “Mamá, mamá…”, se le oye decir, y las lágrimas, el recuerdo de la madre y el dolor de su brazo la sumen en el letargo de un corto sueño.

—¡Dorothy! —se oye gritar desde la mecedora, de repente—. ¡Maldita niña tonta! ¿Qué haces?

Dorothy se despierta de golpe y del susto se cae de la silla. El padre, que se levanta enérgico de la mecedora, pierde el equilibrio y también se cae.

—¡Maldita sea! —grita—. ¡Ayúdame a levantarme!

La niña se levanta del suelo y mira a su padre, que desde el suelo se arrastra hacia la mesa para ayudarse a sí mismo.

—¿Quieres dejar de mirarme como las tontas y venir a echarme una mano? —insiste el padre, pero Dorothy no parece querer hacerle caso.

La niña aprieta muy fuerte entre sus manos el relicario con la fotografía de la madre. El padre, a regañadientes, logra ponerse en pie y, con una furiosa mirada en su rostro, le dice:

—En mal momento murió tu madre. Me encoleriza tu falta de obediencia… ¿Quieres venir a ayudarme? ¿Y por qué diantres no te has comido la cena?

—No pienso acercarme más a ti —Le señala encolerizada el brazo derecho —¡Mira lo que me has hecho! Te odio. Te odio tanto que quisiera que no existieras.

—¡Niña de los demonios…! —grita el padre y se abalanza sobre Dorothy con ánimos de azotarla, pero para entonces la niña se ha revuelto de sus manos y ha salido a la intemperie, donde el frío apenas sí la deja respirar.

—¡Dorothy! ¡Dorothy! —se oye gritar desde dentro de la casa azul, pero desde fuera el griterío es cada vez más lejano, porque la pequeña Dorothy a grandes zancadas ha abandonado su hogar.

     —¡Maldito seas! ¡Maldito seas! —grita la niña hasta desgañitarse y en su carrera la soledad más inmensa y la decepción más grande acuden a acunarla.

Es de noche y el sonido del viento y las aves nocturnas parecen ser sus únicos aliados. La niña se sienta junto a un árbol y se queda dormida, pero mientras su sueño ocurre, de repente dos personajes siniestros hacen de centinela a su lado. Parecen una mujer y una muchachita de su misma edad y el luto más oscuro las viste de pies a cabeza. Están de espaldas, la miran mientras descansa y, con una voz suave, ambas hablan junto a ella.

—Madre… —dice la niña—. ¿Qué sucederá cuando despierte.

—No despertará —responde la mujer.

—Pero madre, ¿qué es lo que le ha pasado?

—Acaba de morir —dice.

Aún es de noche cuando el padre borracho deambula por el camino. Llora en su intento por encontrar a Dorothy, que ya lleva muchas horas fuera de su casa, pero no ha encontrado ni rastro de la niña. Por el sendero por donde camina, de repente se encuentra a lo lejos dos figuras femeninas que esperan junto a un árbol. Una parece adulta, y la otra una niña. El hombre arrastra sus pies helados en su intención por correr, pero se estremece al ver que del frío sus pies no avanzan.

—Maldita sea… —dice—. Este frío me ha helado la sangre, quizás aquellas dos mujeres me sepan decir algo.

Y así pues, como un alma en pena, el hombre avanza como puede y se acerca cada vez más a las mujeres.

Quizás no sea del todo fiable su testimonio de después, pues entre la turca y la repentina pérdida de juicio no fue nunca razonable lo que dijo ver. Cuando lo encontraron unos comerciantes ya de madrugada, con los ojos desorbitados y la boca desencajada, no paró de decir lo siguiente:

—He visto a mi mujer y a mi hija vestidas de luto porque dicen que me muero en breve de una pulmonía.

Pero junto al árbol donde lo encontraron el cuerpo sin vida de Dorothy O’Brian yacía pálido, congelado.

—¿Quién es esta niña? ¿Es su hija? —le preguntaron los comerciantes, pero el hombre que había perdido el juicio negaba con la cabeza.

—No, no, esta niña está muerta. Mi hija es aquella, la que está cogida de la mano de su madre. Demonios, ¿es que no las veis, zopencos?

Y desde la otra orilla del camino las figuras de luto riguroso observaban calladas y sin expresión, pero los comerciantes nada veían sino los árboles y la maleza del camino.

—¡Miradlas! Están allí, frente a nosotros, ¡maldita sea!

—Ande, levántese y suba a nuestro carro —dijeron los comerciantes y entre ellos se miraron y añadieron—: Huele demasiado a vino. Llevémoslo al pueblo y ya veremos qué hacer con él. En cuanto a la niña, hay que darle sepultura…

Y a hombre y niña cargaron en su carro y llevaron consigo al pueblo. Aquella misma noche el padre murió de unas fuertes fiebres producidas por una severa pulmonía, y el cuerpo de la niña desapareció de su ataúd también esa misma noche. Nadie jamás supo qué pasó con ella, y los comerciantes tuvieron tanto miedo que ya nunca más quisieron pasar por aquellos senderos. Muchos fueron quienes dijeron que el rostro de la niña aparecía en las tinajas de vino, o en los barreños de agua, y años más tarde en los espejos. Muchos fueron quienes echaron de menos a la pobre Dorothy O’Brian, mas si el testimonio del padre fue el correcto, ya nunca más fue infeliz.

 

Ada de Goln_foto

Ada de Goln, 1973. Escritora, guionista e ilustradora. Ama la fantasía y el terror fantástico sobre todos los géneros, siempre presentes en sus textos. Ha escrito cuatro libros (tres de ellos están a punto de ser publicados), uno de misterio y una antología de cuentos de terror. También, junto a Conrad Mess, director de cine zaragozano, y todo un séquito de profesionales del cine, crearon The other side, un cortometraje de corte gótico y terror clásico con el que se llevaron el premio Phonetastic del Festival de Sitges 2013, entre otros. Asimismo, trabajó en el guión y producción del cortometraje “El último relato”, que consiguió ser finalista en diferentes festivales de cine nacionales internacionales. Es la ganadora del premio Terrorific Horror Film Festival 2015 en la sección de relatos.

 

 

 

 

 

 

II FESTIVAL DE LITERATURA FANTÁSTICA TÁRTARUS

Teníamos muchas ganas de contarlo y por fin podemos gritarlo: ¡habrá segunda edición de nuestro festival!

Este año, una vez más, contamos con el Área de Juventud del Ayuntamiento de Linares, a quien agradecemos el apoyo a esta iniciativa. Habrá mesas redondas, presentaciones con autores, concursos de relatos, talleres, magia, fantasía y sobre todo mucha literatura.

Por el momento, os dejamos con el cartel. Apuntad bien en vuestra agenda: del 18 al 20 de mayo en Linares (Jaén). El tema de esta edición será “Brujería, hechicería y vampirismo”. En breve os iremos desvelando más sorpresas.

¡Os esperamos!

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¡Nos lanzamos a Patreon!

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