Reseña: “Blancogramas”, de Gemma Solsona Asensio

“Entonces sí, chico vivo, ella existe, y las sirenas y los elefantes existen, porque es muy aburrido creer solo en lo que una ha visto.”

Con Blancogramas, Gemma Solsona Asensio se adentra en la oscuridad del color blanco para presentar nos niñas que custodian un ángel en el desván, una familia que rinde culto secreto a Mary Poppins, un anciano obsesionado con una dama espectral en las calles de Barcelona, o una joven que descubre lo peligrosa que puede llegar a ser su mejor amiga. Siete relatos de negrura nívea, hermosos y terribles, dentro de la mejor tradición de lo extraño.

Título de la obra: Blancogramas
Autor: Gemma Solsona Asensio
Género: Narrativa breve
Editorial: InLimbo
Año de edición: 2021
Extensión: 144páginas
Formato: Papel
PVP: 14,00€

Si escucho la palabra «cuento» se me vienen varios nombres a la cabeza y, entre ellos, se encuentra el de Gemma Solsona Asensio, ya conocida de otras fantásticas e inquietantes antologías, así que a esta me lancé con curiosidad y ganas de descubrir qué había tejido con sus frases esta vez.

Precedidos por el prológo de David Roas, en Blancogramas se nos presentan siete relatos en torno al color blanco como un concepto también proclive a generar sensaciones siniestras, un lienzo donde pintar con sombras (inevitable ha sido transportarme a ese «horror blanco» del que Mónica Ojeda habla en Mandíbula y al que Gemma le reserva unas líneas al comienzo). A partir de ahí nos adentramos en una serie de historias que comparten un personaje por el que la autora parece sentir predilección: las niñas-monstruo (a veces ya mujeres). La inocencia se diluye, pues, en comportamientos perversos plagados de cierto halo gótico y de melancolía, y en un trabajado lenguaje que no se antoja enrevesado ni complejo, y que mantiene la belleza de los relatos de algunas damas victorianas como Elizabeth Gaskell.

“Es más cómodo pensar que el monstruo es repugnante y sucio. Que lo reconocerás porque tiene uñas negras y deformes…”

Pasamos por unas niñas que encuentran lo que parece un ángel, el embrujo de un amor atado al vudú, un cuento postapocalíptico con guiños a Mary Poppins, una perversa niña a la que todos adoran, una historia de vampiros en Barcelona que bien podría ser el prólogo a una novela, una joven obligada a crecer demasiado rápido y una alcoba que conserva algunas sombras. Niñas-monstruo, mujeres blancas que no siempre acechan en la oscuridad de la noche, y que nos hablan de la amistad, de la fraternidad entre hermanas, del amor, de la inmortalidad, con gran variedad de narradores y juegos temporales, y que hace complicado cumplir eso de «este capítulo y me voy a dormir».

Debo decir con agrado que me es difícil escoger un relato favorito porque en cada uno hay algo que me ha despertado interés, pero me parecería hasta grosero no mencionar esa maravilla que es Cucarachas blancas, donde Gemma demuestra que la sutileza es poderosa y que bosquejar un ambiente y una situación funciona si lo demás —personajes, trama— lo sostiene. No me gustaría dejar esta reseña sin hablar de la edición, que bien merece una palmada en la espalda por el evidente cuidado que InLimbo ha puesto en ella. La portada es una alusión a uno de los relatos en un juego de surrealismo precioso y sugerente, pero además el interior es tan sutil y efectivo como las historias que contiene.

No será lo último que lea de Gemma ni de InLimbo, a mí ya me ha seducido la blancura de esta narrativa inquietante. Sin más solo me queda decir que el terror de lo sutil goza de buena salud e instarte a que te dejes deslumbrar por el blanco.


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